Medio ambiente al límite: Causas

A partir de mediados del siglo XVIII, el acelerado crecimiento de la población humana, el cambio en la matriz energética y la modificación de los hábitos de consumo, generaron una demanda de cada vez mayor de bienes de la naturaleza. Esto ocasionó un creciente volumen de residuos, muchos de ellos no biodegradables. La naturaleza se vio invadida a un ritmo superior a su capacidad de renovarse.

El medio ambiente global, cómo ámbito donde la humanidad se desarrolla y halla sustento y refugio se encontraba, hasta hace poco más de doscientos años, en un equilibrio no afectado significativamente por el ser humano. El tema que ahora preocupa es el desequilibrio creciente entre el peso de la huella del ser humano en el planeta y la capacidad de este de soportarla.
A partir de mediados del siglo XVIII, el acelerado crecimiento de la población humana, el cambio en la matriz energética y la modificación de los hábitos de consumo, generaron una demanda de cada vez mayor de bienes de la naturaleza y ocasionaron un creciente volumen de residuos, muchos de ellos no biodegradables, generando demandas sobre la naturaleza a un ritmo superior al de la capacidad de esta para renovarse, con el resultado del previsible agotamiento de algunos recursos y una significativa degradación del ecosistema.
Es en la década del 70 del siglo pasado que organismos internacionales y gobiernos empiezan a tomar conciencia de la doble dimensión del problema medio ambiental: la limitación de los recursos y la degradación la naturaleza, resultado de la aplicación del moderno “paradigma tecnocrático”[1] dominante. Expresión de dicha conciencia son los acuerdos y medidas para enfrentar el cambio climático a través de la disminución en la emisión de gases de efecto invernadero.
Si la capacidad de la naturaleza para atender la demanda de la humanidad es mayor al producto del número de personas por su consumo, decimos que la ecuación medioambiental está en equilibrio. La alteración de dicho equilibrio, sea por una mayor demanda o por una degradación de la naturaleza por la acción del hombre, genera efectos indeseables en nuestra forma de vida. Fácil de expresar, implica analizar cada de sus elementos para comprender su complejidad.
Un elemento de la ecuación propuesta es la cantidad de personas en el mundo. Durante más de 10,000 años, la población humana tuvo un incremento reducido, siendo su incidencia en el medio ambiente global no significativa. La tendencia se acelera a partir del siglo XVIII, cuando alcanza los 1000 millones de personas. En sólo 200 años se alcanzó la cifra de 6000 millones. En la actualidad se estima que somos 7,300 millones de personas en el planeta y la proyección para el 2050 es de 9600 millones de habitantes. El acelerado crecimiento de la población mundial tiene grandes diferencias regionales; mientras que la tasa anual de crecimiento en las regiones más desarrollados es del 0.3%, no alcanzando la tasa de sustitución poblacional, en el África, la región de más rápido crecimiento demográfico, asciende a 2.46%, ¡8 veces superior!
El nivel de consumo es el otro elemento vinculado a la población, el mismo que es muy diferenciado según la región del mundo que se trate. Importantes grupos humanos de algunas regiones se mantienen a un nivel de subsistencia, marcado por carencias de todo tipo. Otros, viven en una sobreabundancia, en la que el “tener más” es un factor de realización personal, donde la “cultura del descarte” que la acompaña, se ve inducida por una maquinaria de producción que crea necesidades para seguir funcionando. Una muy inequitativa distribución del ingreso mundial explica esa diferencia.
La multiplicación de la cantidad de personas por su nivel promedio de consumo nos da el volumen de demanda de bienes que el hombre exige a la naturaleza. Cabe aquí recordar la frase que se atribuye al economista Jeffrey Sachs, de que necesitaríamos dos o tres planetas si toda la población accediese a los niveles de consumo del mundo desarrollado. En otras palabras, el consumo humano tiende a ser superior a la capacidad del planeta de reponer los recursos consumidos.
Pero hay otro factor que reduce la capacidad de la Tierra de producir y de renovarse, que son los desechos que la humanidad produce, contaminando y degradando el entorno. Prácticamente no existe espacio: río, mar, aire, atmósfera o tierra, que no esté afectado por los residuos del consumo humano a niveles de saturación que superan la capacidad de reciclaje de los mismos por la naturaleza. De este modo, además de por la creciente demanda de recursos, el medio ambiente se deteriora por la agresión que representan los desechos humanos. El ejemplo paradigmático en la actualidad es la emisión de CO2 a la atmósfera, principal responsable del cambio climático. La capacidad de la naturaleza para superar las demandas que debe atender, se va debilitando, contribuyendo a desequilibrar la ecuación medioambiental.
La optimista visión antropomórfica del “paradigma tecnocrático” y la sensación de poder que conlleva, aplica la creatividad tecnológica para no interrumpir la incentivada demanda, buscando alternativas, como en el caso de la energía, o apoyando a la naturaleza a producir más y flexibilizar sus límites, con la aplicación de la ingeniería genética, por ejemplo, que permite ampliar la producción. Esto ayuda, pero no es suficiente.
Los límites al crecimiento que impone la “madre naturaleza” se han hecho evidentes a escala global. Al tomar conciencia de ello y de sus causas, los organismos internacionales, los gobiernos y las ONG ambientalistas desarrollan estudios y los difunden, crean conciencia, propician el cambio de hábitos, toman acuerdos para amortiguar o adaptarse al cambio. El desafío es gigante. Cabe a una ciudadanía ambiental, consciente y militante, contribuir a que se haga, en lo personal, lo necesario para no agravar el problema, y que esté alerta para movilizarse y contrarrestar decisiones políticas o económicas que no consideren el gran problema de la hora: el medio ambiente.

 

[1] Término empleado por el Papa Francisco en la Encíclica “Laudato Si” para referirse a la creencia que la tecnología podrá brindar un crecimiento ilimitado en el supuesto que la disponibilidad de bienes es infinita.

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