Hombre y medio ambiente en la historia

Un momento clave en la relación del hombre con la naturaleza es cuando este se percibe como el sujeto centro de todas las cosas. Esta nueva mirada generó cambios profundos en las formas de producción, pasando de la artesanal a la producción en serie y, luego, a la división internacional del trabajo. De satisfacer necesidades, pronto se pasó a crearlas para mantener activa la maquinaria de la producción. Cada vez más, la explotación de los recursos de la naturaleza se hizo más depredadora.

El ser humano inicia su presencia en la Tierra como recolector y cazador; durante miles de años, lo reducido de su número y su carácter trashumante no afectó el medio ambiente que rápidamente restablecía el equilibrio previo a su paso. La agricultura posterior y el sedentarismo que la acompaña, significaron una modificación permanente del entorno ocupado por la población. Ya desde muy antiguo han existido conductas amigables con el medio ambiente, o con la “Mama Pacha” como la denominaba la cultura andina, preocupadas por preservar la naturaleza. Pero también, conductas que han depredado el entorno, ocasionando deforestación, aridez y, finalmente, la desaparición de las sociedades que las habían practicado. El interesante libro “Colapso”, del geógrafo estadounidense Jared Diamond, profesor de la Universidad de California, compara sociedades locales que han perdurado respecto de otras que han desaparecido, por la forma como se relacionaron con el medio ambiente.

Un ejemplo es el de la Isla de Pascua de 106 km2, caracterizada por su clima ventoso, seco y frío, es un punto en el Pacífico a más de 2000 km. de la isla más cercana. Colonizada por los polinesios hacia el año 900, llegó a tener un estimado de 30,000 habitantes, agrupados en clanes que convivían armoniosamente; sus líderes mostraban la importancia del respectivo clan por el tamaño de las conocidas estatuas de Pascua. Pero cuando el holandés Jacob Roggeveen redescubrió la isla en 1722, no quedaban rastros de la cultura que había dejado tan imponentes monumentos; encontró sólo unos pocos miles de personas en el más grave de los atrasos, en una tierra baldía y sin árboles. Estudios recientes indican que los árboles existentes a la llegada de los polinesios, sufrieron una deforestación creciente, culminada hacia el 1600. Sin madera, los habitantes no podían construir canoas, ni casas; ni tener leña para calentarse; ni transportar de un extremo a otro de la isla sus famosas estatuas; además, habían eliminado el hábitat de la flora y fauna originales. La demanda por disponer de los recursos escasos generó conflictos entre los clanes que terminaron por diezmar a la población. El uso hasta el agotamiento de los recursos de la isla, superó la capacidad de regeneración de la naturaleza. Sus habitantes se quedaran sin “casa” ni “sustento”, en un contexto en que la isla era un universo cerrado, sin posibilidad de migración posible. Es un caso extremo de colapso de una sociedad por mal manejo de los recursos disponibles, que constituye un referente aplicable para más amplios y modernos espacios.

La Edad Moderna
Para la cultura occidental los siglos XV y XVI son la etapa de los grandes descubrimientos geográficos. Cerrada la ruta de la seda por los turcos otomanos al conquistar Constantinopla, se impidió el aprovisionamiento de productos de Oriente para los europeos. Como respuesta, los reinos de España y Portugal promueven una serie de viajes para encontrar una nueva ruta alternativa para llegar a la China.

Poco después se produce un cambio sustancial en la percepción de la relación del hombre con la naturaleza. De concebirse como parte de la misma, el ser humano se percibe como el sujeto, centro de todas las cosas, que observa y analiza los objetos de su entorno para determinar las leyes que los rigen. Esta nueva mirada generó, entre otros, cambios profundos y progresivos en las formas de producción, pasando de la artesanal a la industrial, a la producción en serie y a la división del mundo en países industrializados y países proveedores de materias primas. De satisfacer necesidades, pronto se pasó a crearlas para mantener activa la maquinaria de la producción. Cada vez más, la explotación de los recursos de la naturaleza se hizo más depredadora. Si los recursos locales se agotaban, se podían buscar más lejos en un planeta progresivamente más integrado.

La preocupación medio ambiental
A inicios del siglo XIX, Thomas Malthus, clérigo anglicano británico considerado uno de los primeros demógrafos, afirmó que la capacidad de crecimiento de la población responde a una progresión geométrica, mientras que el ritmo de aumento de los recursos para su supervivencia sólo lo hace en progresión aritmética, dando un llamado de alerta a la comunidad científica. Más de siglo y medio después su preocupación es recogida por el Club de Roma que, en el Informe los Límites del Crecimiento de 1972, plantea la tesis que «en un planeta limitado, las dinámicas de crecimiento exponencial (población y producto per cápita) no son sostenibles». Ese mismo año se creará el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

En 1992 el PNUMA convoca la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro. Allí se orienta la atención del mundo sobre el calentamiento global derivado de causas humanas como el más grave de los problemas medioambientales al que hay que encarar con prioridad y encontrar solución. Se aprueba la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), cuyo órgano supremo, la Conferencia de las Partes (COP en español – CP en inglés), se viene reuniendo anualmente desde 1995. Especialmente significativa es la COP3 de 1997 que aprueba el Protocolo de Kyoto sobre el Cambio Climático, documento en torno a cuyas conclusiones sigue girando el debate hasta nuestros días.
El Protocolo de Kyoto, estableció que el calentamiento global se deriva de acciones humanas, específicamente de la emisión de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero que retienen el calor de la radiación solar impidiendo que ésta retorne al espacio. Dichos gases han estado presentes desde siempre en el planeta, pero su presencia en la atmósfera empezó a multiplicarse a partir de la Revolución Industrial, con el uso masivo de combustibles fósiles. El calentamiento producido ha incrementado la temperatura del mar y producido un constante incremento en el nivel de sus aguas.

Ya es consenso en el mundo científico que el incremento a más de 2°C de la temperatura media de la Tierra respecto de la etapa previa a la industrialización tendrá un impacto impredecible. Las consecuencias de este calentamiento afectarán al ecosistema y las economías. Se acordó reducir las emisiones de seis de los gases que causan el efecto invernadero, al menos un 5% a nivel global en comparación a las emisiones de 1990 para el período 2008-2012, variando el porcentaje de disminución según los países. También acordó avanzar hacia modalidades sostenibles de producción, distribución y utilización de energía, y enfocarse en la erradicación de la pobreza como requisito previo del desarrollo sostenible.

Actualmente el incremento de la temperatura media ya ha alcanzado el 1°C, provocando que cerca de 25 millones de personas al año, desde el 2008, se vengan desplazado por motivos ambientales, según el Informe Foresight, “Informe de previsión de migraciones y cambios ambientales globales”, que ofrece asesoramiento científico al gobierno británico. Por su parte, la COP21 “observa con preocupación que los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero… no son compatibles con los escenarios de 2°C”, sino que los hacia el 2030.

La COP21, continuación de la COP 20 realizada en Lima el 2014, ha ratificado el compromiso de “mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2°C con respecto a los niveles preindustriales”, “aumentar la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima y un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero”, así como “elevar las corrientes financieras” que permitan que los acuerdos anteriores se cumplan.

Las líneas de acción son claras. El objetivo es no alcanzar el 2°C como incremento de la temperatura media de la Tierra en relación a la temperatura previa a la industrialización; se hará un esfuerzo para que sea aún menor, que no llegue al 1.5%. Para eso, hay que sustituir la energía sustentada en combustibles fósiles por energías limpias. Hay avances en esta línea en los países industrializados, mejorando la resiliencia al cambio climático y reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que se subraya la importancia de esa transferencia tecnológica a los países de menores recursos. Esto tiene un costo que se apoyará mediante transferencias financieras.

El acuerdo aprobado entrará en vigor cuando al menos el 55% de las Partes en la Convención, que representen el 55% del total de las emisiones, lo hayan ratificado. En ese momento será vinculante para los firmantes. El camino no será fácil, pero mantiene viva la esperanza de lograr mantener el clima del planeta. Por eso todos, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil debemos mantenernos atentos y alerta para acompañar un proceso en el que nos jugamos mucho, especialmente la población menos favorecida.

No queremos terminar sin recordar que el cambio climático es solo uno de los desafíos ambientales. Si el cambio del modelo energético puede ser eficaz para combatirlo, el cambio del modelo económico es el siguiente desafío; de lo contrario solo estaremos desplazando los problemas ecológicos. La población humana seguirá creciendo, previéndose que se estabilizará el 2050 con una población de 10,000 millones; pero si generalizamos el nivel de consumo de los países más ricos, el planeta se verá amenazado por las preocupaciones de Malthus y del Club de Roma: los recursos no son inagotables y la Tierra no puede abastecer el nivel del consumismo derrochador hoy prevaleciente.