EDITORIAL

RESIDUOS SÓLIDOS URBANOS 

Solo me siento cabreada cuando veo basura.

Cuando veo gente tirando cosas que podríamos usar.

Madre Teresa de Calcuta.

El proceso de urbanización a nivel mundial es una de las macrotendencias de mayor vigencia. También el  incremento de los niveles de consumo de la población, pese a los grandes desniveles que existen entre sectores de la misma. Ambas tendencias, en el marco de la denominada cultura del descarte, generan un impresionante volumen de residuos sólidos que impacta e invade las ciudades. Sólo en Lima se produce aproximadamente 10,000 toneladas diarias de residuos sólidos. El problema es compartido con todos los grandes conglomerados humanos.

Esta realidad nos lleva a analizar someramente los problemas ambientales derivados del inadecuado manejo de los residuos sólidos. Estos afectan al suelo, al agua y al aire.  Al suelo, porque pierde productividad al acabarse la microfauna que habita en él, debido a los líquidos que se filtran y que arrastran gran cantidad de los compuestos presentes en el residuo sólido que atraviesa. Además, la presencia constante de basura en el suelo evita la recuperación de la flora de la zona e incrementa la presencia de plagas y animales, tales como ratas, palomas, cucarachas, moscas y zancudos que viven en esa basura y provocan enfermedades muy contagiosas.

Al agua, que es contaminada por los desperdicios arrojados en ella o por los productos derivados de la descomposición de los residuos sólidos que se filtran hasta ella. La presencia de bacterias y microorganismos la acidifican o eliminan el oxígeno, vital para la vida de las especies acuáticas, haciendo que las aguas para consumo humano se vicien y generen problemas de salud.

Al aire, que  también es afectado por los malos olores y por los gases metano y dióxido de carbono que ayudan a incrementar el efecto invernadero en el planeta y a aumentar su temperatura. Finalmente, el paisaje se deteriora.

Frente a este  problema actual, se dan dos respuestas diametralmente opuestas: la de las ciudades que logran reducir, reutilizar y reciclar sus residuos, de modo que sólo una mínima parte del total vaya a los botaderos públicos y la de las ciudades en las que simplemente conviven con la basura acumulada y sus consecuencias.

El problema de los residuos sólidos en las ciudades, que es uno de los grandes contaminantes urbanos, nos lleva a plantearnos el tema de cómo enfrentarlo en nuestra realidad más cercana, la ciudad de Lima. En ella, según el Ministerio del Ambiente, solo el 48% de la basura generada se deposita en un relleno sanitario, el resto va a botaderos, a ríos o al mar, con el consiguiente efecto contaminante. Respecto del resto del Perú, de las 193 municipalidades provinciales, sólo 12 cuenta con rellenos sanitarios.

Ante esta tremenda realidad se vienen produciendo algunos esfuerzos meritorios en educación ciudadana por parte de algunos municipios que estimulan a los vecinos a seleccionar los desechos en su origen e incrementan el uso de rellenos sanitarios. Resaltamos además la existencia  y la labor de PETRAMAS SAC[1], empresa privada que se dedica a la gestión integral de los residuos sólidos y que cuenta, desde el año 2011, con una planta de generación de electricidad a partir de la biomasa, constituyéndose en abastecedor de energía eléctrica al Sistema Eléctrico Interconectado Nacional. Es la primera empresa en la ciudad que genera energía renovable a partir de los residuos sólidos de 35 distritos.

No obstante estos alentadores primeros pasos, estamos aún muy lejos de que los conceptos de reducción, reúso y reciclaje de los residuos se internalicen en nuestra conciencia ciudadana y la sociedad se organice para acercarse a los niveles europeos, especialmente países como Suecia y Alemania, que minimizan el impacto negativo en el entorno gracias a procesos que debemos conocer, estudiar y adaptar a nuestra realidad.

Es en este contexto que fue muy estimulante conocer la experiencia del Fundo Ecológico Casa Blanca[2] ubicado en el distrito de Pachacámac, en la cuenca del río Lurín. En dicha finca se produce e investiga distintas formas de agricultura ecológica que buscan el equilibrio entre la tecnología y el ambiente. En solo una hectárea se  ha logrado desarrollar  un fundo sostenible en el que, sin usar pesticidas ni fertilizantes químicos y tóxicos, se cultiva alimentos nutritivos y sanos, se cría en forma ecológica cuyes que les sirven para su alimentación y se dispone de los residuos sólidos y líquidos que produce la habitación y producción, cuidando que sean lo menos contaminante posible del ambiente.

Los impulsores de esta experiencia son el matrimonio formado por Ulises Moreno y Carmen Felipe-Morales, ex docentes de la Universidad Agraria La Molina. Ellos vienen aplicando sus conocimientos y experiencia para conservar la agrobiodiversidad, rotando cultivos, practicando sus asociaciones, desarrollando policultivos así como la agroforestería. Usan plantas hospederas de organismos benéficos controladores de plagas y preparados en base a plantas repelentes de organismos dañinos de los cultivos. En la microdimensión de una hectárea, aplican riego tecnificado por sifón, microaspersión y por goteo.

Pero no es sólo la producción tecnificada, aunque simple, de esta agricultura ecológica la que debemos destacar. A tono con la intención de esta nota editorial, queremos dar especial atención a la forma de procesar los desechos que se generan en el fundo para hacer que la unidad habitacional y de producción que han constituido, sea totalmente amigable con su entorno.

Una importante actividad del fundo, destinada a disminuir los desechos que normalmente se vierten a los ecosistemas, es la utilización de un biodigestor. Este es un contenedor hermético en el que se deposita materia orgánica, desechos vegetales y excremento de rumiantes o de humanos, en determinada dilución con agua. El fenómeno de biodigestión ocurre porque existe un grupo de microorganismos bacterianos anaeróbicos presentes en el material fecal que, al actuar sobre los desechos orgánicos, producen una mezcla de gases con alto contenido de metano llamada biogás, que es utilizado como combustible. Así el fundo Casa Blanca produce la energía para su propio consumo, tanto para la cocina como para la iluminación, al reciclar los residuos tanto humanos como de los animales.

El proceso de biodigestión también genera residuos con un alto grado de concentración de nutrientes y materia orgánica que pueden ser utilizados como fertilizantes, con la característica de no tener malos olores ni atraer  moscas. Por otra parte, la maleza derivada de los cultivos y del estiércol de los cuyes permite producir diversos abonos: compost, guano, bioabonos y abonos verdes, que el fundo usa en su propia agricultura, comercializando el excedente. Finalmente, un Humedal Artificial permite tratar las aguas servidas de la casa y reusarlas para el riego.

El Fundo Ecológico Casa Blanca es una realidad que, en solo una hectárea, permite al matrimonio Moreno tener una actividad sostenible y, simultáneamente, amigable con el ambiente. Lo consideramos un ejemplo a imitar en pequeñas unidades de producción y una inspiradora experiencia para dimensiones mayores, que reta a nuestra imaginación y capacidad de organización social.

La diferencia entre una buena o mala gestión de los residuos sólidos en conglomerados urbanos es la diferencia entre un ambiente que contribuye a la calidad de vida de sus habitantes, o uno que los afecta en su salud, en el riesgo de incendios, en la fetidez de los olores o en la falta de estética del entorno. La nula o limitada gestión de los residuos está presente en la realidad de más de la mitad de la población mundial que no tiene acceso a servicios regulares de recolección de basura, donde los vertederos a cielo abierto, no regulados o ilegales, sirven de depósito a la basura de 4 mil millones de personas, conteniendo más del 40% de la que genera el mundo.

Como experiencia alternativa citamos el caso de la ciudad de Malmö en Suecia, donde solo el 0.7% de los residuos llegan al vertedero pues, gracias a una gestión integral que incluye separación en el origen, reutilización, reciclaje, compostaje y generación de energía de la basura, el 99.3% de la misma se recupera. Salvando las distancias, es lo que se logra en el Fundo Ecológico Casa Blanca, en Pachacámac, demostrando la viabilidad del tratamiento de residuos en mini unidades productivas, así como la experiencia de Malmö nos habla de una disposición de residuos sólidos en grandes conglomerados humanos que puede ser simultáneamente amigable con el ambiente y rentable económicamente.

Informes del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente[3] (PNUMA) y de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos (ISWA) señalan que la gestión inadecuada de la basura es un gran problema global para la salud, la economía y el medio ambiente del mundo. Ellos afirman que existen sistemas para resolver este problema, implementados en muchas ciudades que permiten mejorar la calidad de vida y el medio ambiente, además de ser un buen negocio. Son ejemplos que debemos conocer e imitar.

Las formas de gestionar el problema de generación de basura pueden sintetizarse en: reducirla, reusarla o reciclarla. La reducción evita generar residuos al modificar patrones de consumo; incrementa la vida útil de los rellenos sanitarios, e introduce economías al sistema de manejo tanto de residuos como de materias primas. El reúso utiliza nuevamente un producto, sin mayor transformación,  para darle el mismo u otro uso. Finalmente, el reciclaje, aplica algún tipo de tratamiento a los residuos para reintroducirlos en un nuevo ciclo de vida.

Los  informes de la PNUMA y la ISWA, antes comentados, señalan los beneficios de una gestión sostenible de los residuos: tenemos la generación de ahorro público pues la falta de sistemas adecuados cuesta a los países entre cinco y diez veces más que las inversiones necesarias. Se logra enormes reducciones de gases de efecto invernadero (GEI) implicadas en el cambio climático. Finalmente se logra la creación de millones de empleos verdes y beneficios económicos estimados en cientos de miles de millones de dólares.

La realidad de poblaciones con calidad de vida gracias a un ambiente limpio y saludable, contrasta con la de aquellos otros que viven literalmente inmersos en la basura, con todos los riesgos que ello implica. Nos hace pensar en la razón que asiste a la Encíclica Ambiental Laudato Si del Papa Francisco, al señalar que no son dos los problemas, el social y el ambiental, sino un único y gran problema: el socio-ambiental, el mismo que debe afrontarse integralmente. Afrontar holística, creativa y subsidiariamente el problema de los residuos sólidos es uno de los desafíos que debemos desarrollar, creando conciencia desde los años escolares y en las universidades, para brindar una mejor calidad de vida a nuestros conciudadanos. El cómo ya se conoce, porque ha sido experimentado en muchos países. Es cuestión de movilizar voluntades y tomar las  decisiones correspondientes. El próximo proceso electoral municipal es una buena oportunidad para el debate. Parafraseando a Vallejo diremos una vez más: “Hay aún, hermanos, mucho por hacer”. Entonces, hay que empezar ya.

 

[1] http://www.petramas.com/disposicion.html

[2] Video “Bioagricultura Casa Blanca”: https://youtu.be/VbwlPrR1vfg

[3] https://www.unep.org/ietc/sites/unep.org.ietc/files/GWMO_flyer_Spanish_0.pdf