ECOLOGIA URBANA: UN ENFOQUE SOCIOBIOLÓGICO

Eduardo Durand[i]

Las siguientes líneas corresponden a presentación del Conversatorio ECOLOGÍA URBANA. Fue la base de la interesante discusión que se generó sobe el tema y que, con los trabajos previos, permitirá preparar el dossier correspondiente.

El hombre, con todas sus nobles cualidades,
todavía lleva en su estructura corporal
la huella indeleble de su humilde origen.

                                   CHARLES DARWIN

Las ideas y conceptos, relativamente dispersos, pero vigentes en la preocupación de todas las ciencias de la conducta humana, plantean la necesidad de renovar los enfoques sobre el desarrollo, su sostenibilidad actual, y los resortes y mecanismos no conscientes que lo están condicionando.  El propósito del presente documento – con un conjunto relativamente arbitrario de apuntes – es promover la discusión de lo urbano sobre bases y parámetros más naturales, y cuestionar las visiones y estudios técnicos tradicionales sobre la ciudad, ya anquilosados por la inercia burocrática y legal, para facilitar una visión que renueve la percepción de los problemas y, en consecuencia, promueva nuevas formas de pensar y resolver la problemática de lo urbano en la sociedad moderna.

La Biósfera y la Ciudades   

  • La problemática urbana y de las ciudades no puede ser tratada con prescindencia de los límites físicos de la biósfera y de la forma como la especie humana está ocupándola y alterándola. La rapidez y orientación febril que estamos aplicando al uso de los recursos naturales y el espacio terrestre y marino,  degrada nuestro medio ambiente y nos dirige hacia a un abismo del que poco conocemos y poco prevemos.
  • Las ciudades se están convirtiendo, de manera acelerada – en relación con los tiempos de evolución natural – en un tejido físico y cultural artificial (la “noosfera” de Teilhard de Chardin[1]), en un salto dramático de lo que ha sido, por millones de años, el proceso de adaptación natural de nuestra especie.  Este nuevo entorno es cada vez más ajeno y diferente de lo que ha sido – y que tendría que seguir siendo – la biosfera y su rango de hábitats naturales diversos, tanto para la especie humana como para las decenas de miles de especies que ha sostenido por millones de años.
  • Estamos forzando el establecimiento de nuevas estructuras y códigos de conducta extra naturales, que imponen transformaciones destructivas en la biosfera, la delgadísima y frágil membrana del planeta que contiene toda la vida conocida y que nos ha dado origen como especie. Si no controlamos su expansión, estos cambios pueden hacer inviable nuestra propia supervivencia.
  • La artificialización del hábitat no está siendo estudiada en términos que permitan prever y resolver las formas y vías sostenibles de armonización con la biosfera. Un solo ejemplo, el del cambio climático -un reto de escala planetaria  que aún no comprendemos cabalmente-, es una de las consecuencias más graves de estas transformaciones.
  • Existen abundantes, diríase suficientes, tratados y estudios respecto a la humanidad, su evolución social y el medio urbano; pero lo que más se necesita no es tanto una reflexión intelectual y docta o meramente académica. Necesitamos mirarnos y estudiarnos científicamente como lo que somos: una especie animal en proceso de transformación acelerada, cuyo agudo proceso de encefalización ha conducido a dominar nuestra razón y nuestro intelecto de manera avasalladora, hasta minimizar y hacer subalterna en nuestra conducta cotidiana la atención a los vínculos esenciales con nuestra base biológica y sus leyes naturales.

El enfoque sociobiológico en la sociedad humana y las ciudades 

  • Cuando se estudia científicamente las características de conducta social de cualquier otra especie evolucionada, sobre todo en su organización y conducta colectiva, nos resulta asombroso lo que podemos aprender tomando conciencia de las similitudes con nuestra especie, de lo que está en la base biológica de nuestra acelerada evolución social, y de sus crecientes y complejos conflictos.[2] Nos negamos a reconocer nuestra animalidad, anteponemos nuestro intelecto, desarrollo técnico y poder económico y político a nuestro ser natural, y confinamos a estudios de especialistas o utilitarios todos nuestros demás rasgos naturales, a pesar de ser biológicamente inseparables de nuestra conducta y determinantes de muchos de nuestros actos.
  • En este proceso estamos obviando la comprensión del origen real y biológico de nuestros problemas sociales, tratando de resolverlos en lo social con normativas y represión, y en lo físico con recursos tecnológicos alucinantemente sofisticados. Tratamos de acelerar y extender nuestra precaria existencia en el marco de una neo-naturaleza artificial y tecnológica, que está entrando en conflicto irreversible con lo natural.
  • Nos empeñamos en asumir que nuestra recientemente evolucionada corteza cerebral y su actividad reflexiva constituyen un privilegio exclusivo de nuestra especie y diferencia fundamental y definitiva con otras especies; y por ello se suele negar a otras especies un valor biológico y capacidades que vayan más allá del “instinto” y de su estadio invariable de evolución.
  • Ello se debe a que no percibimos en toda su dimensión el tiempo de evolución y cambios en estas especies (millones de años). Ejercitamos una intelectualidad y neofilia de apetito insaciable, producto de un desarrollo neuronal extraordinario y de la neotenia[3] instalada en nuestro genoma durante los últimos milenios, combinada con los asombrosos factores aleatorios que han acelerado el proceso: pulgar oponible, andar erguido, lenguaje complejo, migración y capacidad adaptativa, curiosidad e ingenio, agresividad y resiliencia, organización y jerarquización social, entre otros.
  • No somos conscientes – por la dominación casi absoluta de nuestro intelecto y las soluciones artificiales que producimos en nuestro devenir – de cómo nos alejamos innecesariamente de nuestro ser natural, y de cómo estamos tratando a nuestra naturaleza como algo externo y utilitario que podemos intervenir, corregir, alterar, forzar, y transformar en beneficio material y de confort artificial.

Un nuevo enfoque ambiental y sociobiológico para el hábitat humano 

  • Se requiere con urgencia un enfoque ambiental que considere y concilie las transformaciones que la especie humana ha introducido en el funcionamiento natural de la biósfera y en su propia conducta; y que enmiende el rumbo de colisión que ya está afectando el equilibrio dinámico del planeta, poniendo en peligro el futuro de la especie.
  • La ciudad moderna y el funcionamiento de lo urbano, ha sido calificado de “zoológico humano”[4] por Desmond Morris aludiendo a las adaptaciones forzosas y necesariamente innaturales que deben sufrir las especies animales en estas confinaciones, por bien gestionadas que estén; y que en nuestro caso se manifiestan claramente, en especial en las sociedades con más reciente incorporación a la vida urbana moderna.
  • No estamos preparados, desde el punto de vista sociobiológico, al agudo proceso de concentración, densificación y presiones de la organización humana social moderna. No somos una especie social consolidada como las hormigas, abejas y otras,  aunque ya apuntan algunos signos de nuestra evolución en ese sentido. Sin embargo, pretendemos tener conciencia y asignarnos deberes de convivencia en un mundo global de 7 mil millones de individuos, intensamente comunicados a través de medios tecnológicos tan sofisticados que el 99.9% de los individuos no puede explicar cómo funcionan. Es una “neo-naturaleza” que no requiere ser explicada; simplemente se va convirtiendo en inteligencia artificial cuyo futuro es hoy impredecible.
  • Muchas especies animales silvestres hasta hace poco – las especies domésticas ya lo han hecho forzadamente – están aceptando este nuevo entorno, y se están “urbanizando”; es decir, están adaptándose al entorno humano artificial y aprendiendo a convivir en este nuevo sistema ecológico, cambiando sus hábitos de alimentación, de hábitat, de reproducción, de migración, de organización y conducta social, de defensa, de roles de género, etc. (Ratas, palomas, cuervos, tordos, colibríes, ardillas, murciélagos, ciervos, osos, lobos, elefantes, lobos de mar, son algunos ejemplos).

Evolución, convivencia y escala de interacción social

  • Una de las polaridades más reveladoras de la naturaleza de todos los seres vivos, es el instinto de conservación de la energía y por ende, de la vida. El llamado instinto de conservación está profundamente ligado a la vida, respondiendo y oscilando entre dos extremos: De un lado, la conservación centrada en el propio individuo; y de otro, la conservación centrada en la especie como colectivo.  Es decir, lo que puede llamarse con propiedad el egoísmo y el altruismo:  la propensión a salvarme yo, o la propensión a salvar a los demás; a cuidar mi propiedad, o a cuidar la propiedad colectiva; el combatir por mi interés y mi espacio, o el combatir por los intereses y el espacio vital de todos.
  • Ambas propensiones son necesarias y coexisten de modo natural en todos los individuos y bajo muchas formas; y pueden estar en equilibrio óptimo o moverse hacia los extremos, dependiendo de la propensión genética y de la influencia ambiental. Nos conducimos siempre así:  podemos abandonar toda consideración social y pasar por encima de todos para conservar nuestra vida, nuestra familia, y nuestro espacio vital (conducta considerada socialmente como egoísta e inmoral); y sacrificarnos o inmolarnos en aras de conservar o salvar al grupo social (conducta del líder, héroes y mártires, considerada socialmente como altruista y ejemplar).
  • Podemos asimilar esta polaridad a las prevalecientes en determinadas poblaciones y grupos, tratando de encontrar un equilibrio ético, beneficioso para el conjunto para los individuos que lo conforman. No es posible procurar y promover conscientemente este equilibrio y articularlo con una conducta armoniosa para con el medio ambiente físico y cultural por medios de persuasión verbal o represión.  Se requiere cambios de actitud, que a su vez requieren cambios en la percepción de nuestro entorno que sólo se consiguen gradualmente con la educación y el ejemplo colectivo.
  • Esta necesidad es una verdad reconocida, pero poco conocemos sobre el tipo de mecanismos que debemos ejercitar para incorporarla a nuestra conducta social y personal; sin embargo, estos conocimientos sí se aplican a promover el consumo y preferencias, en la publicidad, en el manejo de recursos humanos corporativos (neuro-marketing, publicidad subliminal, lealtad corporativa, etc.)
  • La pulsión natural entre egoísmo y altruismo se ve alterada de manera creciente por la artificialización del medio, por la densificación de sociedades en grandes ciudades y por la proximidad virtual que inducen los medios modernos de comunicación y redes sociales. La percepción del “otro” es constante y asfixiante, aunque sea remota; y no somos conscientes de cómo afecta a nuestro siempre alerta cerebro “reptiliano”.  La represión social y la organización de la vida colectivizada nos abruman y alteran nuestra conducta; y la reacción primaria se antepone a la respuesta de la razonada. Este fenómeno afecta y altera en mayor grado a los grupos e individuos en condiciones de dependencia, de menor rango social percibido, de escasa educación formal, en la competencia por el poder y en la procura de relaciones afectivas satisfactorias, y de apareamiento, para ponerlo en términos naturales.
  • La nueva organización social modifica las funciones convencionales de género en la especie humana, y tiende a empoderar natural y culturalmente a la mujer. El enfrentamiento de géneros y la agresividad tiene cada vez más presencia, como una premonición de la probable evolución hacia un “animal-organismo-social” con dominancia femenina, haciendo evidente la desventaja de los machos (como en toda especie de animal social). Todo ello, sumado a la densificación urbana, puede explicar las frecuentes reacciones vitales de agresión-defensa en todos los individuos, apenas disimuladas por la educación y la moral que ha impuesto la civilización y la convivencia tolerada.
  • La base de la organización social de las especies colectivas (abejas, hormigas, y otras), es el ahorro energético y la eficiencia reproductiva. Para las abejas es más eficiente producir hembras “hermanas” que comparten un 75% de sus genes, que aparearse individualmente con zánganos y que la prole comparta sólo el 50% de los genes. Homogenización genética y eficiencia productiva.   Los mamíferos están bastante lejos de este rumbo, pero en el escenario a largo plazo de nuestra artificializada sociedad humana hay lugar para especulaciones que hoy consideramos “políticamente incorrectas” o de ficción. [5]

Hacia una discusión racional disruptiva, más allá de los enfoques tradicionales

Dejando de lado las especulaciones futuristas, y atendiendo a la vigencia de los problemas actuales –sin dejar de considerar la posibilidad de evoluciones en marcha– estas reflexiones se orientan a la necesidad e inminencia de disrupciones que renueven la forma de mirar el entorno urbano en relación con la evolución social y cultural, y plantearse algunas interrogantes que acompañen el debate que suscitarán las ponencias distribuidas para lectura.

  • ¿Cómo incrementar la conciencia individual y social mediante las pulsiones vitales egoísmo-altruismo? Se conoce bastante bien su incidencia al nivel de las ciencias sociales (psicología, sociología, antropología, política); pero se prefiere aplicar estos resortes de la conducta para fines de dominio, de poder, de publicidad e inducción al consumo manteniéndolas como no-conscientes, que para promover el cambio de conductas y la convivencia social consciente.
  • ¿Cuáles son los atributos de lo colectivo y de lo individual en lo urbano? ¿Cómo se expresa y cómo se enfrenta esta polaridad en los espacios públicos? ¿Cómo resolver y armonizar la propensión al aislamiento y la propensión al gregarismo para satisfacer las necesidades de todos? ¿Cómo propiciar el mutuo beneficio de una convivencia que admita y reconozca ambas pulsiones vitales como necesarias? ¿Existe un paralelo entre el ambiente natural silvestre y el mundo cultural urbano en estos términos? ¿Cómo está resuelto o cómo se equilibran en el medio silvestre estos instintos vitales en otras especies?
  • ¿Hay una relación antagónica y al mismo tiempo de inter-dependencia entre lo urbano y lo silvestre? ¿Hay una zona o “interfaz” de articulación entre lo rural y lo urbano que debe integrarse en la ecuación? ¿Qué podemos aprender de los entornos urbanos reconocidos como más “amigables”? ¿Y qué podemos aprender, para evitar las condiciones negativas de los entornos nocivos o degradados?[6]
  • ¿Podemos seguir tratando la problemática urbana con un corte sectorial-administrativo?: Vivienda, seguridad y orden, transporte, saneamiento y gestión de residuos, abastecimiento, salud, educación, recreación y esparcimiento, gobernanza, etc. ¿Qué significa la amenaza del cambio climático para las ciudades? ¿Qué se está haciendo en el mundo para integrar soluciones a la problemática de las ciudades y el desarrollo sostenible?

Algunos escenarios y condicionamientos acuciantes: brechas, retos, y oportunidades.

Se plantea, a guisa de esquema de análisis “foda”, algunos elementos que podrían estudiarse como mecanismos o escenarios de acción no convencional para aplicarlos al desarrollo urbano moderno, y la articulación con una visión ecológica de la ciudad.

  • “La tragedia de los bienes comunes” [7]
  • Brechas e inequidades por atender: generacional y etaria; de género; económica; educacional; cultural; seguridad; capacidades de gestión; de espacio y territorio; de equipamiento y acceso a servicios; de sostenibilidad ambiental y de recursos; ética y cívica; otras…
  • Oportunidades: la juventud, el bono demográfico; el bono comunicacional (redes sociales y acceso a la información); bono ambiental (clima, recursos, ubicación); inercia social positiva de crecimiento; otras…
  • Retos: Condiciones de riesgo físico y social; recursos económicos y financieros; estructura de poder; ausencia de canales de acción política; corrupción generalizada; control gubernamental y social ineficaz; política y gobernanza desarticuladas; inducción indiscriminada al consumo y creciente degradación ambiental; otros…
  • Amenazas: El cambio climático global en lo local y lo urbano; y la necesidad de un rol activo de las ciudades en la adaptación y la reducción de emisiones de GEI; la degradación ambiental y de recursos.[8] ¿Qué se está haciendo al nivel de las ciudades? ¿Cuál es la visión de nuestros gobernantes locales al respecto?

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Marzo 2018

[1] Para Teilhard de Chardin, la evolución va desde la Biosfera –o evolución biológica – a la Noosfera – o evolución de la conciencia universal.

[2] La aproximación sociobiológica, como la ha difundido E.O. Wilson, presenta una alternativa poderosa para enfocar y entender nuestros problemas sociales; pero está casi proscrita por razones y aversiones ideológicas y políticas. Su obra central, “Sociobiology: The New Synthesis”, (1975, reeditada, Harvard Press) resume decenas de años de esfuerzos científicos documentados sobre la vida y la naturaleza social de los animales.

[3] Neofilia: atracción compulsiva por lo nuevo (en oposición a la neofobia, o el horror a la innovación y el cambio). Neotenia: entendida como la retención y prolongación orgánica de la fase inicial de crecimiento acelerado de la capacidad de aprendizaje y de desarrollo neuronal, típica de algunas especies y de los humanos.

[4] Desmond Morris, “El Zoo Humano”.

[5]    Pensemos por un momento, sólo por un momento, que en el género humano el cromosoma “Y” (pequeño y minoritario, único capaz de reproducir machos) viene siendo discretamente combatido por el cromosoma “X” (más grande y más fuerte) ya hace miles de años. Las mujeres tienen dos “X” (XX), uno de su madre y otro de su padre, y su genoma mantiene uno en reserva. Los machos humanos sólo un X (XY); ¿Qué pasaría si la especie humana estuviera evolucionando hacia una forma reproductiva más eficiente y simple que tienda a eliminar la necesidad del cromosoma “Y” para reproducir sólo hembras?  No sería imposible con los avances tecnológicos y la creciente inteligencia artificial y robotización de la medicina…

[6] E.O.Wilson realizó un interesante y extensa investigación con ratas comparando grupos en entornos altamente densificados, con otros en equilibrio natural de recursos y densidad, con resultados en el grupo densificado de los conflictos y degradaciones sociales típicas de los humanos en entornos urbanos degradados.

[7] La tragedia de los [bienes] comunes (en inglés Tragedy of the commons) es un dilema descrito por Garrett Hardin en 1968, y publicado en la revista Science. Describe una situación en la cual varios individuos, motivados solo por el interés personal y actuando independiente pero racionalmente, terminan por destruir un recurso compartido limitado (el común) aunque a ninguno de ellos, ya sea como individuos o en conjunto, les convenga que tal destrucción suceda. (Wikipedia)

[8] El IPCC está estableciendo un grupo de trabajo en CC para ciudades, con base el Acuerdo de Paris, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, la Nueva Agenda Urbana, y el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres.  Las ciudades producen el 75% de las emisiones de GEI (transporte y edificios). También se ha anunciado la iniciativa “Diálogo de Talanoa (Bonn, CoP 23, 2017) para avanzar en cambio climático en las áreas urbanas, promovido por ICLEI (Gobiernos Locales para la Sostenibilidad), el Pacto Mundial de Alcaldes para el Clima y la Energía, y ONU-Habitat.

 

[i] Eduardo Durand López-Hurtado, es arquitecto de la UNI, con estudios de posgrado en Planificación del Desarrollo Regional en el Instituto de Estudios Sociales de La Haya, Holanda. Consultor para el PNUD, el BID, la FAO, la CEPAL y el Banco Mundial. Ex Director General de Cambio Climático, Desertificación y Recursos Hídricos del Ministerio del Ambiente.