COP24, DESAFÍOS Y AVANCES EN EL CAMBIO CLIMÁTICO

Las COP y el cambio climático

Reuniones en la COP24 en Polonia

La versión anual número 24 de la Conferencia sobre el Cambio Climático, COP24, se realizó durante la primera quincena de diciembre de 2018 en la ciudad de Katowice, Polonia, con el lema “Cambiando juntos”. Participaron unas 20.000 personas de 197 países –políticos, representantes de organizaciones no gubernamentales, organizaciones del ámbito académico y empresarial- buscando implementar el Acuerdo de París.

Su finalidad fue efectuar un balance de los logros que los países han alcanzado y ajustar los niveles de ambición necesarios para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París que deberá entrar en vigor el año 2020. Se analizó tendencias y aprobó propuestas para mitigar o adaptarse al cambio climático, repitiéndose el esquema de expectativas, frustraciones y aplazamientos que ha caracterizado esta ya larga historia de reuniones.

Empleando el símil del vaso “medio lleno o medio vacío”, diremos que la evaluación será mejor o peor, de acuerdo a la expectativa puesta en la reunión. Siempre tendremos quienes afirmarán que la reunión fue un fracaso al no satisfacer sus expectativas más ambiciosas. También, aquellos que sabiendo de los grandes intereses en juego, valoran como importantes las concesiones, logros y avances logrados. Ya hay suficiente historia acumulada para juzgar estas reuniones en perspectiva, e incorporar las dos semanas del encuentro en el marco del proceso iniciado en 1972, considerando los plazos disponibles, los logros alcanzados y los desafíos  o brechas por cubrir aún pendientes.

PNUMA. Organismo de NNUU rector en materia ambientalEn 1972 se realizaron la reunión del Club de Roma, con su informe sobre Los Límites del Crecimiento, y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano. También se creó el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).  Estas acciones incorporaron la agenda ambiental en los organismos internacionales, en los gobiernos y en las instituciones de la sociedad civil.

La preocupación por el ambiente pronto centró una atención preferente en el cambio climático inducido por las actividades humanas y en los gases de efecto invernadero, como el principal elemento a controlar. A ese efecto se creó en 1988 el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático – IPCC, su organismo científico, y en 1992, la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y su órgano supremo, la Conferencia de las Partes (COP), cuya primera reunión se realizó en Berlín el año de 1995.

La  COP3 de 1997 propuso el Protocolo de Kioto, uno de los documentos más importantes y esperanzadores para recuperar el medio ambiente global, que estableció objetivos vinculantes para las emisiones de Gases de Efecto Invernadero – GEI para 37 países industrializados. Al no ser ratificado por los dos más grandes emisores, Estados Unidos y China, perdió fuerza. Fue solo en la COP20, en Lima el 2014, que los Estados Unidos y China anunciaron un compromiso conjunto para la reducción de emisiones de GEI, sentando las bases para el Acuerdo de París del año siguiente.

El 2015 en París, el Acuerdo aprobó la limitación del aumento de la temperatura mundial promedio como máximo a 2ºC, mediante la disminución de las emisiones de GEI a la atmósfera (CO2) provocadas por la quema de combustibles fósiles como el petróleo, gas y carbón. El ambicioso acuerdo adoptado por 197 países impulsa acciones de mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas ante el calentamiento global, que  deben iniciar su aplicación el año 2020.

Informe especial sobre el calentamiento global de 1.5°C

En forma previa a la COP24, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el  principal órgano internacional encargado de evaluar los conocimientos científicos relativos al tema, aprobó el Informe especial sobre el calentamiento global de 1.5°C[1], como un insumo técnico-científico a ser considerado por los participantes. En dicho Informe se actualiza la situación del cambio climático, se compara cómo afectaría al planeta una diferencia de medio grado –de 1.5°C a 2°C- y se alerta sobre la urgencia de tomar medidas pues, pasados ciertos plazos, se generarán situaciones irreversibles.

 

Gases de Efecto Invernadero

Gases de Efecto Invernadero

Establece que ya tenemos un calentamiento global de 1°C y señala que limitar el calentamiento a 1.5 °C es posible según las leyes de la química y la física, pero que para ello se necesitarán cambios sin precedentes. A modo de ejemplo, describe cómo afectaría a los océanos una diferencia de medio grado, comparando los efectos entre un aumento de 1.5 °C y uno de 2°C:

·         En 2100 la elevación del nivel global del mar sería 10 cm inferior con un calentamiento global de 1,5°C en comparación con uno de 2°C.

·         La probabilidad de que el océano Ártico quede libre de hielo en verano sería de una vez por siglo con un calentamiento global de 1,5 °C, frente a un mínimo de una vez por decenio con uno de 2 °C.

·         Los arrecifes de coral disminuirían entre un 70% y un 90% con un calentamiento global de 1,5 °C, mientras que prácticamente todos ellos desaparecerían con uno de 2°C.”

Afirma que lo planteado por el Acuerdo de París sobre la reducción de emisiones se queda corto ante los escenarios que se prevé, pues una meta de 2°C pone en altísimo riesgo el desarrollo de la población, resaltando que la limitación del calentamiento global daría más margen a las personas y los ecosistemas para adaptarse.

Señala que sería necesario que las emisiones netas globales de dióxido de carbono (CO2) de origen humano disminuyeran en 2030 alrededor de un 45% respecto de los niveles de 2010, y siguieran disminuyendo hasta alcanzar el “cero neto” aproximadamente en 2050. Informa que algunos tipos de medidas ya se están llevando a cabo en todo el mundo, pero que es necesario acelerarlas[2]. De continuarse las tendencias actuales, el calentamiento global será de 3°C al finalizar este siglo y a partir de entonces será aún más drástico.

Aporta pues, la perspectiva de las terribles consecuencias de no tomarse las medidas necesarias, subrayando que éstas, siendo difíciles son posibles.

¿Hay motivo de esperanza?

António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, en la inauguración de la COP24, afirma que ya se cuenta con los conocimientos técnicos, así como con un impulso increíble de todos los segmentos de la sociedad. Para avanzar, lo que verdaderamente se necesita es voluntad política.

La situación de la energía, el transporte y la urbanización, importantes factores vinculados a la generación de GEI, gracias a los desarrollos alcanzados o en proceso, corroboran lo expresado por el Secretario General. Las soluciones no son fáciles ni únicas, pero existen. Son motivo, no de complacencia, pero sí de un moderado optimismo.

·         Las tendencias en el uso de las fuentes de energía

Desde la revolución industrial, el consumo energético mundial ha crecido de forma continuada, siendo el carbón el que proporcionó la energía para los siglos XVIII y XIX. En el siglo XX, los automóviles, los aviones y el generalizado uso de la electricidad, hicieron del petróleo el combustible dominante. El incremento de su precio en el último tercio del siglo pasado y una progresiva conciencia ambiental, propiciaron la búsqueda de fuentes energéticas alternativas.

Energías renovables: solar, eólica e hidráulica.

Energías renovables

La energía, derivada de los combustibles fósiles, ha sido la principal causa de la producción de los Gases de Efecto Invernadero. El desafío actual es sustituir esta cadena productiva por fuentes de energía renovables y limpias. En este esfuerzo, el sector de las energías renovables ha ido creciendo significativamente desde los últimos años del siglo XX, con inversiones lideradas por Alemania y China y seguidas por Estados Unidos, España, Japón e India.

En su último informe Global Energy Trends 2018, Schneider Electric[3] sostiene que el paso de las fuentes de energía tradicional a las renovables será solo cuestión de tiempo. Las energías solar y eólica son ya las fuentes de energía eléctrica más económicas y limpias, por lo que la inversión en ellas no solo tienen un objetivo ecológico, sino también comercial.

En los últimos años se están batiendo récords de potencia solar instalada y la energía eólica está siguiendo el mismo camino. Arabia Saudí[4] ejemplifica esta tendencia al haber lanzado un plan para invertir hasta 50.000 millones de dólares en energías renovables y planea generar cerca de 10 GW de energía renovable, principalmente solar y eólica, para 2023.

La adopción de políticas orientadas a reducir las emisiones y construir una economía libre de combustibles fósiles, refuerza el proceso anotado. Es el caso de la Unión Europea, que ha fijado el 2050 como la fecha límite para el consumo de combustibles fósiles: En esa fecha, más del 85% de la electricidad provendrá de fuentes renovables y el resto de energía nuclear[5]. La aplicación de impuestos a los combustibles fósiles contribuirá a hacer más competitivas las fuentes renovables.

·         El transporte urbano

El sistema de transporte basado en combustibles fósiles es altamente contaminante y constituye uno de los importantes emisores de GEI. La relación entre concentración de vehículos y contaminación se confirma al ser los ocho países del G-8[6], que tienen el mayor número de automóviles por persona, los responsables del 60% de las emisiones de GEI.

En lo que respecta al transporte urbano, estamos viviendo un cambio de paradigma bastante generalizado: la prioridad de “descarbonizar” el sistema y, en las grandes ciudades, la necesidad de un transporte público integrado y multimodal enfocado en las necesidades de las personas, con la finalidad de hacerlo eficiente y de contribuir a reducir la contaminación.

Respecto de la descarbonización del sistema, fue simbólico que en el inicio de la COP24, un equipo de ciclistas en bicicletas eléctricas llegó desde Viena, después de haber recorrido 600 km, para demostrar el valor de la energía renovable en la reducción de las emisiones. La bicicleta debe ser uno de los componentes de un sistema de transporte integrado y multimodal.

Auto eléctrico

Auto eléctrico

En la misma línea, la presencia del automóvil eléctrico empieza ya a ser competitiva del automóvil tradicional. En el Summit anual, Jean-Pascal Tricoire, CEO de Schneider Electric, afirmó que en 2030 la flota de vehículos eléctricos podría substituir al 50% de los coches actuales.[7] Por otro lado, la energía solar fotovoltaica se está incorporando rápidamente como reemplazo de los combustibles fósiles, redefiniendo el papel de la energía en el transporte.

La humanidad tiene los conocimientos técnicos para reducir significativamente las preocupantes emisiones de GEI. La decisión política y el coraje para que prevalezca el bien común por encima de los intereses privados es el último obstáculo para acceder a una organización del transporte más racional y amigable con el ambiente.

·         La Urbanización

Las  áreas urbanas concentran más de la mitad de la población mundial[8]. Estas aglomeraciones de personas, viviendas, industrias, infraestructura y transporte, demandan y consumen la mayor parte de la energía global y son las responsables de la mayoría de las emisiones de gases de efecto invernadero. Si continuasen los procesos de urbanización con sus actuales características, serían suficientes para impedir cumplir con los compromisos globales de limitar el calentamiento global a 2 °C del Acuerdo de París[9].

Se estima que solo de los edificios proviene un 38% de los GEI. De allí, los múltiples esfuerzos que se vienen desplegando para minimizar estas emisiones. El Reino Unido trabaja en conseguir unas especificaciones para la construcción de viviendas nuevas según el principio de “Edificio energía cero”. La Unión Europea apunta a la eficiencia energética, estimando que para el 2050 el consumo energético será la mitad que el registrado en 2005. Una parte importante del ahorro energético provendrá de los edificios, que hoy en día son responsables del 40 % del consumo.

Edificio representativo de la arquitectura verde

Arquitectura verde

En esta dirección, uno de los esfuerzos más significativos proviene de la denominada “arquitectura verde”. Es un concepto que pone vegetación en los edificios buscando combatir la emisión de gases de efecto invernadero, evitar la contaminación del aire en las ciudades y ahorrar energía. Uno de los recursos usados es el uso de una cubierta vegetal en azoteas impermeabilizadas, que contribuye a la absorción del CO2 de la atmósfera. En zonas lluviosas, esta cubierta permite recolectar el agua de lluvia y filtrarla para su uso de las necesidades de los departamentos.

Existe un creciente número de proyectos de edificios ecológicos, en los Estados Unidos, en Inglaterra, Italia y China. En este último caso, se planea que la mitad de todos los nuevos edificios urbanos sean certificados como “verdes” en los próximos cinco años. Un ejemplo digno de mencionar lo constituye la “ciudad bosque” en Liuzhou, en el sur del país, que albergaría un millón de plantas y 40 000 árboles, capaces de absorber 10 000 toneladas de CO2 anualmente[10].

La importancia de combatir la emisión de gases contaminantes en las ciudades es, además, el grave problema de salud pública que generan: más de 5.5 millones de personas mueren al año en el mundo por la contaminación.[11]

A modo de conclusión

Actitudes pesimistas y optimistas

Actitudes pesimistas y optimistas

El año 2020 entrará en vigor el Acuerdo de París. ¡Falta muy poco¡

Como hemos visto, de continuar el incremento del calentamiento global, las consecuencias serán la intensificación de las temperaturas mundiales, el aumento del nivel de los mares, inundaciones, deslaves, huracanes, tornados e incendios forestales capaces de poner en peligro de extinción a muchas especies que habitan la Tierra, incluida la especie humana.

En paralelo, tenemos los conocimientos para evitar el desastre. En las líneas previas hemos desarrollado algunos casos de acción humana posible y en proceso que permitirían, en el corto tiempo que falta para hacer irreversibles los cambios del clima, cambiar las tendencias y realizar las acciones de mitigación, adaptación y resiliencia que permitan  a la humanidad sortear uno de los peores desastres inducidos por su propia irresponsable conducta.

Tomar conciencia es el primer paso. Actuar, individual y colectivamente el segundo. ¡Hagámoslo mientras estemos a tiempo!

 

Lima, 7 de enero de 2019

[1] http://www.ipcc.ch/report/sr15/ o www.ipcc.ch
[2] https://www.ipcc.ch/sr15/
[3] https://www.interempresas.net/Robotica/Articulos/222632-Las-seis-tendencias-en-energia-y-sostenibilidad-que-estan-marcando-2018.html 
[4] https://atlas-energia.com/blog/tendencias-energia/
[5] https://www.eitb.eus/es/noticias/economia/detalle/6024051/bruselas-fija-fin-combustibles-fosiles-europa-2050/
[6] https://www.ecologistasenaccion.org/?p=20911. G8 es el grupo de los ocho países con las economías más industrializadas del planeta, conformado por Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Rusia y Japón
[7] https://www.interempresas.net/Robotica/Articulos/222632-Las-seis-tendencias-en-energia-y-sostenibilidad-que-estan-marcando-2018.html 
[8] https://www.voanoticias.com/a/reporte-mega-ciudades-problemas/1955186.html
[9] https://unfccc.int/files/meetings/paris_nov_2015/application/pdf/paris_agreement_spanish_.pdf
[10] http://www.bbc.com/mundo/media-40520719 
[11] https://www.bbc.com/mundo/media-38497727